jueves, 1 de diciembre de 2011

Maratón de Donostia, mi crónica

Nunca es tarde si la dicha es buena. No sé si en este caso la dicha es buena, pero un poco tarde para escribir esta crónica seguro. De todas maneras, aquí va mi primera experiencia maratoniana, puede que no sea la más interesante, pero con que le sirva a alguien para conocer un poco mejor el Maratón me doy por satisfecho.

Después de dormir 5 horas escasas, la alarma del móvil me despierta a las 6. Me levanto fresco y con un sentimiento similar al de un niño el día de Reyes. Sé que en unas horas recibiré un gran regalo, pero la mañana será larga, y esta vez no es suficiente con haberse portado bien todo el año. A primera hora, desayuno copioso en el bufete libre, con la barriga bastante llena todavía de pinchos, tapas y abundantes manjares del día anterior. El siguiente paso es dirigirme a la comprobación de chip, algo que me podría haber ahorrado de haberme acordado cuando fuimos a recoger el dorsal. A las siete y cuarto, me toca dejar mis geles para el avituallamiento personalizado. A las siete y media todavía no lo han abierto, y para cuándo lo hacen, el juez me explica que el avituallamiento personalizado solo es útil para objetos grandes y visibles, ya que ellos lo único que hacen es ponerlo encima de una mesa con tu número de dorsal en el punto kilómetro indicado. Es decir, que el control en este avituallamiento brilla por su ausencia. En su defecto, el juez me dice que coloque a mi gente para dicha tarea, previamente habiendo permiso al juez de carrera más cercano. Vaya, eso no lo podrían poner en la web para los todavía no iniciados?  Entre ida, venida, esperas y explicaciones varias, pierdo un tiempo interesante para descansar.

Estreno de gala para la ocasión

Herramientas imprescindibles para un maratonista.


 Llegamos a la zona de la salida y casi instantáneamente, me entra la rutinaria necesidad de micción pre competición, así que aprovecho el calentamiento para dirigirme a los servicios de Anoeta. Al regresar, me reuno con mi staff técnico ya al completo, momento en que elegimos detalles finales de la equipación.


Ajustando la lazada

Me coloco en mi zona de carrera y espero el pistoletazo de salida consciente de que va a ser una matinal larga. Mi estrategia es muy clara, pasar el Medio Maratón entre la hora y media y la hora y treinta y cinco minutos. Tiempos cómodos para no reventar, y a la vez  suficientemente ambiciosos para poder acercarme lo más posible al deseado sub 3h si me veo muy fino después del 30.

Cazado de lleno en la salida.
Kilómetro 7, la frescura de los compases iniciales
La carrera empieza y en un abrir y cerrar de ojos he establecido mi velocidad de crucero en 4:20-25 min/km. Estoy empapándome del ambiente, tratando de disfrutar lo máximo posible de cada instante de carrera, no todos los días se debuta en Maratón. Situado en algún lugar entre el globo de las 3 horas y el de las 3 horas y cuarto, voy pasando corredores paulatinamente. Diviso al gran Ricardo Abad, que ese día corría su 423 Maratón consecutivo, y como buen fan suyo aprovecho para saludarle, felicitarle por su récord y decirle que es mi debut (¿Me tendría envidia por ello?). Sigo fiel a mi plan y no acelero más de la cuenta, pero llegando al kilómetro 15 me doy cuenta que no queda nada para entrar en la parte seria de la carrera. Sigo disfrutando, pero algo más consciente de correr bien, y de manera natural, se forma una grupeta de 3 que vamos a por lo mismo: las 3 horas y poco, y a ver si suena la flauta del sub 3h. Al poco, empiezo a notar más cargado de la cuenta el isquio derecho, y empiezan a asomar por mi cabeza los fantasmas de retirada. Por suerte,entre batallitas, presentaciones, consejos y opiniones llegamos al Medio Maratón en 1h31m43s reales, y parece que me voy olvidando de mis molestias. No va mal la cosa, pero es en la segunda parte de carrera donde se puede ir todo al garete.

Los kilómetros van cayendo, y yo estoy más preocupado en guardar gasolina que en arañar segundos al cronómetro. El grupo pierde a su primer componente poco después del 25, donde mi equipo de apoyo me suministra el primer repostaje sólido.

Aquí la grupeta de 3 con la que corrí gran parte de la carrera.

Saludando a los incondicionales

Kilómetro 30, entramos en la zona del Muro. La hora de la verdad. Tomo mi último gel, suministrado por la organización, antes de encarar el último giro  de 180º del recorrido, en el kilómetro casi 35. Este es el momento más duro psicológicamente por varias razones: recorrido feo, poco público en la zona, ligera subida y cansancio acumulado. No obstante, somos conscientes que llegar al giro es media carrera, así que me conciencio para seguir igual. Por otra parte ya veo que bajar de tres horas va a ser muy difícil, que tendría que clavar ritmos de 4 min/km en los kilómetros que quedan. Entro en una distancia totalmente inexplorada donde cada punto kilométrico es una pequeña conquista.

Ya no recelo nada del isquio, y llegando al túnel previo a la Concha, mi compañero se va quedando por molestias en los gemelos. Poco a poco casi inconscientemente, voy subiendo un poco mi ritmo, a la par que adelanto corredores. Me ofrecen otro gel, pero lo rechazo por sentirlo ya innecesario. La gente se agolpa a ambos lados de la calle, y no cesan de animar a gritos de Oso ondo y Aupa, a lo que respondo siempre que puedo con la más sincera de mis sonrisas. El detalle de que además te animen por tu nombre es impagable y el ambiente unido a mis sensaciones hace que cada vez me envalentone más. Hasta llegar al 41 donde desisto, me empiezan a molestar mucho las plantas de los pies por ampollas, amén del cuádriceps izquierdo que empieza a estar falto de fuerza. El último kilómetro se me hace duro, por la ligera ascensión y el pavimento de adoquines, que no soporto. Solo tengo dos corredores delante y detrás un gran vacío hasta el próximo atleta. Entrando al estadio tengo fuerzas para apretar un poco, y adelanto a estos dos corredores, miro hacia la tribuna y disfruto el momento. Encaro la recta de meta, no sé si aliviado, contento, exhausto o orgulloso, mirando a ambos lados esperando encontrar a mis fans (después me dirían que miré demasiado tarde). El reloj marca 3 horas y 2 minutos (tiempo real 3h1m31s), levanto los brazos y pienso en el camino recorrido en los meses anteriores. Levanto los brazos y cruzo la meta. Busco con la mirada a Carol, y al cabo de un par de minutos puedo encontrarla junto a Marina y Óscar. Misión cumplida.


El momento cumbre.

Después subo a reunirme con los míos (no sin cierto esfuerzo), y con las amistades que nacen en el asfalto, para disfrutar de lo logrado en una intensa mañana.


Con Óscar, gran runner y mejor persona.

Satisfecho? Sobretodo muy cansado...
Carol, líder del equipo de apoyo con el pañuelo azul, yo y Marina que también se ha aficionado a correr, esto es una epidemia contagiosa!
Iban, un crack de A Coruña con el que hice piña media carrera.


Hay un instante en el que estás absolutamente relajado por lo que acabas de hacer. Pero el gusanillo del running es muy cabrón, así que no tardas ni cinco segundos en pensar en futuras carreras. Siempre hay nuevos retos, objetivos más ambiciosos, otro tipo de carreras o distancias por correr, y de momento, me apetece seguir en la brecha. De momento, que me quiten lo bailao.

1 comentario:

  1. Jolín macho, menudo debut has tenido!! Poco sufrimiento, el muro salvado con creces y próximo al sub3. No dudes que en la próxima lo vas a bajar con creces. Vaya! Un top 100 en la clasificación seguro.

    Enhorabuena y nos vemos por aquí!

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